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    Google homenajea al padre de los Juegos Paralímpicos

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    Durante sus estudios, Ludwig Guttmann se dio cuenta de que el deporte, además de hacer como una actividad recreativa, también funcionaba como rehabilitación física para aquellas personas con discapacidades o exsoldados de la gran guerra. Es por ello que, en 1994, funda el hospital Stoke Mandeville, el primer centro monográfico de lesionados modulares.

    “Nosotros comenzamos con exsoldados, primero con juegos simples como los dardos, billar o una especie de boliche. Allí fue que vi que los pacientes reaccionaban, no sólo físicamente, sino también psicológicamente”, explicó Guttmann durante una entrevista con la BBC.

    Debido a estos descubrimientos por parte de Guttmann y su equipo, y en vista de las mejoras que presentaban los pacientes, el médico decidió incorporar el deporte adaptado dentro de los tratamientos de aquellos pacientes con problemas medulares. De esta forma, debido a la actividad física, presentarían un mejor desarrollo y calidad de vida.

    4 años más tarde, en 1948, y en concordancia con los Juegos Olímpicos de Londres, se llevaron a cabo los “Juegos de Stoke Mandeville”. Una contracara de aquellos promulgados por el COI en su momento, pero para personas discapacitados.

    El boom fue tan rápido, que para 1952, se incorporaron más veteranos procedentes de los Países Bajos Europa para competir en la disciplina de tiro con arco, dando por inaugurado los primeros Juegos de Stoke Mandeville en donde se enfrentarían los deportistas de Holanda y Reino Unido. Es decir, la primera competencia internacional de este tipo.

    La popularidad fue tal, que para 1960 se llevaron a cabo los primeros Juegos Paralímpicos de Roma, en concordancia con los Juegos Olímpicos de ese año. En el torneo que se llevó a cabo en la capital italiana, participaron 400 atletas en silla de ruedas de 23 países del mundo.

    Desde entonces, el número de deportistas participantes y adeptos fue creciendo, pasando de los 370 en Tokio (1964), los 750 en Tel Aviv (1968) y los más de mil atletas de Heidelberg (1972). El resto es historia.

    Ludwig Guttmann no pudo presenciar sus máximos logros en el deporte y la medicina, ya que falleció un 18 de marzo de 1980 por una trombosis coronaria. Sin embargo, su legado y todas sus obras no pasaron inadvertidas. El médico fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico y Miembro de la Royal Society.

    Avance deportivo al empezar de cero

    Ludwig Guttmann nació un 3 de julio de 1899 en Tost (hoy Toszek, en Polonia). Siendo el mayor de todos sus hermanos, a los 3 años la familia decidió mudarse del pequeño poblado a la ciudad minera de Königshütte (Chorzów en la actualidad).

    A los 18 años, en Königshütte, Guttman dio sus primeros pasos en la medicina al trabajar en el hospital de la ciudad minera. A su vez, también fue la primera vez que se topó con pacientes con problemas medulares.

    Un año después, empezó con sus estudios en medicina en la Universidad de Breslau (hoy Breslavia), pero abandonó al año siguiente para seguir con su preparación en la Universidad de Friburgo.

    El mismo año de haberse licenciado, volvió a la ciudad de Breslau para trabajar en el departamento de neurología. Cuatro años después, pasó a trabajar como neurocirujano a tiempo completo en una clínica psiquiátrica de la Universidad de Hamburgo. Allí permaneció un año, ya que su antiguo jefe y colega, el profesor Otfrid Foerster, le ofreció un puesto de ayudante y Guttman aceptó sin pensarlo.

    Los años pasaron y, para 1933, Ludwig Guttmann era considerado el mejor neurocirujano de toda Alemania. Sin embargo, la llegada del nazismo prohibió el libre ejercicio de muchas profesiones. Entre ellas, la medicina.

    Guttmann pasó a ser director de los departamentos de neurología y neurocirugía del Hospital Judío de Breslau. Debido a su juramento hipocrático, Ludwig Guttmann atendía en su hospital a cualquier persona enferma o que necesitase ayuda. Debido a esto, en 1938, la Gestapo se apersonó en su institución y le ordenó que dejase de atender a personas no judías en su hospital.

    Después de la Noche de los Cristales Rotos, Guttmann ordenó a sus enfermeras y médicos que atendiesen a todas las personas sin preguntar. Esta decisión trajo consigo una nueva visita de la Gestapo que, de 64 personas que ingresaron en los días previos a la inspección, se llevaran 4 a campos de concentración. Este evento marcó al neurólogo quien, después de rechazar distintas ofertas para migrar de la Alemania Nazi a otros países, decidió armar las maletas y partir a Inglaterra con su familia en 1939.

    Un nuevo comienzo en Inglaterra como todo migrante, sin importar la época, a Ludwig Guttmann le tocó empezar de cero. Sin embargo, a diferencia de muchos, recibió ayuda por parte del gobierno británico y colegas profesionales para poder asentarse y seguir con sus estudios.

    Contando con la ayuda del Consejo de Asistencia a los Refugiados Académicos (CARA) y al patrocinio del neurocirujano Hugh Cairns, Guttmann y su familia pudieron asentarse en Oxford. En la ciudad universitaria, el médico siguió con sus investigaciones en donde tenía como objetivo en integrar a sus pacientes como miembros plenos de la sociedad.

    Seis años después, en 1945, Ludwig Guttmann obtuvo la nacionalidad británica como reconocimiento por sus acciones e investigaciones durante la Segunda Guerra Mundial, en donde ejerció como médico al servicio de la Alianza.

    Sin embargo, su mayor logro lo haría en los años posteriores a la guerra. Su investigación, además de servir como uno de los aportes médicos más relevantes del momento, funcionaría como punto de partida para un avance deportivo sin igual y una luz para aquellos que la necesitaban.

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